El Ladrón de Tumbas Ruso

Anatoly, que es un lingüista que habla 13 idiomas y que es un total apasionado en lo que es la cultura de lo ‘oculto’, acotó que «cuando tenía doce años, pasó frente a un cortejo fúnebre cuyos participantes lo obligaron a besar el rostro de una niña de once años muerta», es aquí en donde nació su interés por esto y que podría haber desencadenado en el hecho delictivo.

Esta es la historia que se transformó en una leyenda urbana durante muchos años en Rusia. Esto comienza en el año 2010, en donde llegaron muchas denuncias a la policía de profanación y desaparición de cuerpos en cementerios cercanos al Distrito de Léninsky

Algunos testigos afirmaban que una persona de contextura delgada dejaba un auto marrón afuera del cementerio municipal e ingresaba al mismo de madrugada. Tal hecho fue escuchado por algunos de los medios de prensa del país, por lo que decidieron preguntarle al historiador que contaba con la fama de ser el ‘experto en cementerios de la ciudad’, Anatoly Moskvin, (Moscrin) sin saber que realmente era el autor de los hechos.

Uno de los diarios más leídos en Rusia y de la localidad, afirmó que la detención y culpabilidad de Anatoly quedaron claros luego de que este sea encontrado, vagando a altas horas de la noche, con una bolsa que contenía muchos huesos. Algo insólito. Finalmente, una publicación especializada en crónicas de delitos en la región, escribió todo sobre la detención de Anatoly, afirmando que este fue descubierto ‘con las manos en la masa’ luego de que los detectives (que ya lo estaban siguiendo) se adentraron en su casa para hacerle algunas ‘preguntas’ y terminen encontrando los cuerpos ahí.

Ahora viene la pregunta, ¿qué hacía Anatoly con los cuerpos que tenía en su casa? 29 “muñecas” hechas de cadáveres femeninos momificados. Cada muñeca humana estaba cuidadosamente vestida, con las manos y la cara cubiertas de tela. Algunas estaban posadas en muebles. Otras en estanterías.

Les puso nombres a los cadáveres momificados, recopilando también información actualizada sobre las vidas de cada niña que había desenterrado y había impreso instrucciones sobre cómo fabricar muñecos con restos humanos. 44 cuerpos de niñas de entre 3 y 12 años fueron las ‘victimas’ que admitió haber tenido entre sus filas y un total de 150 tumbas fueron profanadas por él.

Anatoly, que es un lingüista que habla 13 idiomas y que es un total apasionado en lo que es la cultura de lo ‘oculto’, acotó que «cuando tenía doce años, pasó frente a un cortejo fúnebre cuyos participantes lo obligaron a besar el rostro de una niña de once años muerta», es aquí en donde nació su interés por esto y que podría haber desencadenado en el hecho delictivo.

Entre una de sus declaraciones más terroríficas, este no veía los cuerpos que profanaba con algún tipo de atracción sexual (a pesar de que no podía tener hijos), sino miraba (en el caso de las pequeñas) estas como si fuesen sus hijas a las que les cantaba canciones, miraba con ellas dibujos animados y hasta les festejaba los cumpleaños, tratándolas como si fueran unas muñecas con algo de vida en su interior.

El culpable comentó en la corte porque se llevaba estos cuerpos a su casa, confirmando que «tenía la manera de devolverlos a la vida usando el poder de la ciencia y la magia». Anatoly se especializó en el estudio de la cultura celta, así como estuvo relacionado con el conocido comúnmente como el luciferismo gnóstico. Se trata de un movimiento que concibe a Lucifer separado de la figura de Satán y más como una suerte de Prometeo, portador de luz, que del mismísimo ángel caído. Así, su posición parecía estar más próxima si cabe al “ocultismo libertario”, una corriente de pensamiento que aboga por la búsqueda sin paliativos del conocimiento, más allá de tabúes morales o de convenciones sociales.

Pero más escalofriante si cabe es la justificación del propio especialista durante el juicio, en el que señalaba a los padres como culpables por no querer resucitar a sus propias hijas. «Ustedes abandonaron a sus niñas en el frío, yo las llevé a mi casa y les di cobijo»

Anatoly no era una persona mentalmente competente para afrontar un proceso judicial, por lo que la sentencia, en 2013, fue enviarlo a un centro psiquiátrico. Allí duró cinco años hasta que en 2018 los médicos tratantes aconsejaron liberar al historiador para seguir su proceso en… casa.

Escucha esta historia en el podcast “Antología de lo Fantástico”.

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