¿Las brujas tienen un evangelio?

¿Pero quién es Aradia? La palabra no tiene antecedentes clásicos. Algunos opinan que podría tratarse de la fusión de dos diosas del origen griego: Hera-Diana. Otros, que corresponde Erodiade, una oscura deidad pagana cuyo culto fue condenado vigorosamente en el concilio de Ankara durante el siglo VI.

Aradia, el evangelio de las brujas, es un libro prohibido del folklorista norteamericano Charles Leland (1824-1903), publicado en 1899. El evangelio de las brujas describe un misterioso culto en la región de Toscana, el cual ubica a Aradia, hermana de Lucifer, como centro de ese culto inmemorial.

Aradia es apenas un fragmento de un extraño libro maldito que Charles Leland recibió de una bruja llamada Maddalena. El manuscrito original se conoce como Vangelo (En italiano, «evangelio»). Poco sabemos sobre aquella mujer enigmática, sólo que se trataba de una bruja de alto rango dentro del culto. El evangelio de las brujas, exceptuando los capítulos de puño y letra de Charles Leland, habla sobre el antiquísimo culto a la diosa Aradia, quien, según afirma el libro, instruyó a las brujas sobre cómo protegerse del avance del catolicismo.

¿Pero quién es Aradia? La palabra no tiene antecedentes clásicos. Algunos opinan que podría tratarse de la fusión de dos diosas del origen griego: Hera-Diana. Otros, que corresponde Erodiade, una oscura deidad pagana cuyo culto fue condenado vigorosamente en el concilio de Ankara durante el siglo VI. Erodiade era una de las hijas de Diana, una diosa rebelde enviada a la tierra para enseñar la brujería como herramienta de resistencia social ante el autoritarismo de la Iglesia católica.

Según algunos especialistas en los mitos hebreos, Erodiade está fuertemente asociada con Lilith, la madre de los vampiros, tanto por su iconografía como por su ideología. El evangelio de las brujas expone conjuros, rituales y hechizos, también una cosmogonía demencial que mezcla al dios-sol Lucifer con la Diana romana, a Caín con Aradia en el papel de Mesías de las Brujas. El libro abarca dos aspectos fundamentales: la brujería como religión -o contra religión- y como actividad utilitaria, práctica, para resolver problemas agropecuarios y climáticos. Además de exponer ásperos hechizos para enamorar, el libro está centrado en la mujer como origen y eje de la humanidad.

Es oportuno señalar que la brujería fue perseguida no ya como una expresión anti-católica, sino como movimiento revolucionario. Las brujas fueron quemadas por brujas, pero también por insinuar algo más: una religión subterránea, antiquísima, arraigada en la matrix de los pueblos antiguos, y cuya única raíz visible eran sus festividades, por cierto, asimiladas vorazmente por los cultos oficiales.

No es curioso advertir la figura de Lilith detrás de este misterio. Una deidad desterrada por Dios, exiliada por no someterse al deseo de Adán, y condenada a una sucesión de partos ilimitados y abominables pulsiones hematófagas; bien puede convertirse -cambiando la fuente- en la punta de flecha de una resistencia cultural que revalorice a la mujer.

Fuente:
https://elespejogotico.blogspot.com/

Escucha esta historia en el podcast “Antología de lo Fantástico”.

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